No, y eso es lo malo, que no es un relato para una película absurda, de esas españolas que se hacían antes.
http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/747/carteristas-atracadores-y-semaforos/
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lunes, 1 de abril de 2013
viernes, 27 de abril de 2012
No se oirá mucho hablar de esto
Y mientras, en los colegios haciendo trabajitos, charlas, actividades, metiendo a los niños cosas en la cabeza sin que sean ciertas, o por lo menos sin saber si lo son, pero como son "moda"...
Vergüenza me da la "comunidad educativa". No, me cabrea, eso es lo que me pasa.
http://www.libertaddigital.com/ciencia/2012-04-27/el-inventor-de-gaia-admite-haber-sido-alarmista-como-al-gore-y-otros-calentologos-1276456962/
Vergüenza me da la "comunidad educativa". No, me cabrea, eso es lo que me pasa.
http://www.libertaddigital.com/ciencia/2012-04-27/el-inventor-de-gaia-admite-haber-sido-alarmista-como-al-gore-y-otros-calentologos-1276456962/
domingo, 18 de marzo de 2012
Toda una vida
Poco más se puede añadir.
Eso es lo que somos, eso es lo que tenemos, eso es lo que queremos...
Pequeños dramas, a diario, a miles...
Las vidas ignoradas (a sabiendas).
http://www.documaniatv.com/ciencia/documentos-tv-superdotados-al-este-de-la-campana-de-gauss-video_290230455.html
Eso es lo que somos, eso es lo que tenemos, eso es lo que queremos...
Pequeños dramas, a diario, a miles...
Las vidas ignoradas (a sabiendas).
http://www.documaniatv.com/ciencia/documentos-tv-superdotados-al-este-de-la-campana-de-gauss-video_290230455.html
lunes, 27 de septiembre de 2010
Dedicado a...
Él escribe. Yo leo, trago saliva y callo.
http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/556/una-historia-de-guerra/
http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/556/una-historia-de-guerra/
domingo, 5 de abril de 2009
UN MUNDO FELIZ
Recuerdo haber leído ese apasionante libro en la adolescencia.
Y también recuerdo haber pensado en él muchas veces en los últimos años: terapias génicas, células madre, bebés medicamento, ovocitos, aborto...
Y he vuelto a pensar en él al leer esta noticia,
LD (M. Llamas) Algunas de las propuestas que lanzan los ecologistas y los políticos comprometidos con la tan ansiada "economía sostenible", simplemente aterran. La lucha contra el temido, al tiempo que hipotético, cambio climático se traduce en medidas políticas concretas que pasan por la drástica reducción de la población humana en el planeta. Así, un reciente estudio estadístico de la Universidad Estatal de Oregon (EEUU) propone abiertamente reducir al mínimo los niveles reproductivos de los humanos para limitar las emisiones de CO2 a la atmósfera.
En el informe, de título Reproduction and the Carbon Legacies of Individuals, los investigadores Murtaugh y Shlax estiman que una medida de estas características sería 20 veces más efectiva que cualquier otra política encaminada a tratar de cambiar el estilo de vida de los ciudadanos. En concreto, el citado estudio, recogido por el blog desdeelexilio, propone limitar el índice de nacimientos a niveles inferiores al índice de mortandad. De este modo, con el tiempo, al existir un mayor número de fallecidos que de nuevos nacidos, el conjunto de la población humana se iría reduciendo poco a poco. Lo que no queda claro es cómo alcanzar este objetivo. ¿Esterilizando a la mitad de los hombres y mujeres?
Curiosamente, la eugenesia es la política que lleva implementando el régimen chino durante los últimos años con el fin de reducir o, al menos limitar, el aumento de la población. Beijing penaliza el nacimiento de niñas y limita por ley el número de hijos que pueden tener las parejas chinas. Los abortos ilegales e, incluso, el infanticidio o el abandono de bebés se ha extendido desde entonces por el gigante asiático. Y es que, el incumplimiento de las normas establecidas conlleva importantes penas y cuantiosas sanciones económicas.
El informe indica que "se ha prestado mucha atención al modo en que las personas hacen uso de la energía, los viajes, la alimentación y otras actividades rutinarias que afectan a la emisión de dióxido de carbono y, por tanto, al calentamiento global. Sin embargo, la elección reproductiva de una persona rara vez se incorpora en los cálculos que evalúan el impacto sobre el medio ambiente". Según el documento, cada nuevo niño que nace en EEUU genera 9.441 toneladas métricas de CO2. Por ello, la variable de la reproducción humana debe ser tenida muy en cuenta a la hora de elaborar nuevos informes y estudios sobre el calentamiento global y la influencia de la actividad del hombre en este supuesto fenómeno.
Reducir la natalidad en Occidente
Los gobiernos de todo color y condición han abrazado la tesis del alarmismo climático. Como consecuencia, poco a poco, han surgido numerosas normativas y leyes a fin de alcanzar la denominada "economía sostenible" y combatir así la temida subida de temperaturas a nivel global, pese a que éstas permanecen congeladas desde hace casi 10 años.
Así, los gobiernos exigen reciclar basura y residuos de todo tipo a ciudadanos y empresas, fomentar la producción de costosas energías renovables mediante la concesión de cuantiosas subvenciones públicas, se aboga por sustituir las bombillas, modificar los hábitos de transporte o, directamente, reducir el consumo energético de los individuos, tal y como acaba de proponer el ministro de Industria, Miguel Sebastián.
Sin embargo, parece que no es suficiente. Los últimos datos que ofrecen los estudios científicos favorables a las tesis ecologistas de Al Gore, así como las últimas tendencias políticas avanzan un endurecimiento de las normativas vigentes, tal y como analiza la web especializada CO2 science. Los políticos parecen estar dispuestos a sacarificar o limitar las legítimas libertades individuales para "salvar el planeta", según advierten los analistas Keith Sherwood y Craig Idso.
Y es que, el citado informe estadounidense gira en torno al siguiente eje: "Una persona es responsable de las emisiones de CO2 de sus descendientes". Bajo esta premisa, se abre la puerta a la legalización política de la eugenesia en otros países, más allá de China. No obstante, limitar la natalidad a un único hijo por pareja lograría reducir las emisiones de CO2 unas 20 veces más que seguir los dictados actuales de "economía sostenible" (reciclaje, bombillas, transporte limpio, etc). El potencial ahorro de emisiones contaminantes que generaría reducir la reproducción de los seres humanos son "enormes en comparación con los ahorros que pueden lograrse mediante cambios en el estilo de vida", concluye el estudio.
Las "ventajas" de eliminar población son "enormes"
Si esta idea cala, finalmente, en la clase política, tan sólo sería cuestión de tiempo la aprobación de una ley que elimine la libertad individual a tener hijos. ¿Imposible? ¿Exagerado? Pues bien, los asesores del Gobierno británico ya se lo plantean. Jonathon Porritt, uno de los principales asesores verdes del primer ministro británico, Gordon Brown, acaba de advertir que el Reino Unido debería reducir drásticamente su población para lograr una economía y sociedad "sostenible".
Porritt hizo este llamamiento a la vista de la conferencia anual que la Optimum Population Trust (OPT) celebra este semana. Una asociación ecologista que, siguiendo las falsas teorías del economista británico Thomas Malthus, aboga por reducir la población mundial. En concreto, el asesor de Brown propone reducir a la mitad la población británica, hasta un máximo de 30 millones de personas frente a los algo más de 60 millones actuales. "El crecimiento de la población y más crecimiento económico sitúan al planeta bajo una presión terrible".
"Cada persona que vive en Reino Unido tiene un impacto mucho mayor sobre el medio ambiente que la población de los países en desarrollo". Así, según Porritt, es necesario reducir de forma sustancial la población británica para salvar el planeta, informa Times. Es decir, emplea, precisamente, el argumento del citado estudio científico.
En este sentido, el profesor Chris Rapley, director del Science Museum, indica que los seres humanos vivos emiten 50.000 millones de toneladas de CO2 al año, debido a su respiración. "Tenemos que recortar las emisiones en un 80% y el crecimiento de la población lo va a hacer mucho más difícil".
Además, dado que el impacto de europeos y estadounidenses es mucho mayor, numerosos expertos ecologistas coinciden en que el beneficio para el planeta sería más intenso si se redujera la población de Europa y EEUU. De hecho, hasta el líder conservador británico, David Cameron, ha sugerido que el país apueste por una "estrategia coherente" en el crecimiento poblacional, aunque no se ha mostrado partidario a implementar medidas políticas al respecto. Al menos, por el momento.
Reducir la población británica a la mitad
¿Problemas? Muchos. Según las estimaciones oficiales, la población de Reino Unido ascenderá de los 61 millones actuales a cerca de 71 millones en 2030, de mantenerse la tendencia de los índices de natalidad y mortandad. La clave aquí es... ¿cómo lo van a conseguir? Así pues, la tan ansiada "economía sostenible" de los políticos aspira a eliminar seres humanos, al menos, futuros (nuevos hijos).
Y también recuerdo haber pensado en él muchas veces en los últimos años: terapias génicas, células madre, bebés medicamento, ovocitos, aborto...
Y he vuelto a pensar en él al leer esta noticia,
LD (M. Llamas) Algunas de las propuestas que lanzan los ecologistas y los políticos comprometidos con la tan ansiada "economía sostenible", simplemente aterran. La lucha contra el temido, al tiempo que hipotético, cambio climático se traduce en medidas políticas concretas que pasan por la drástica reducción de la población humana en el planeta. Así, un reciente estudio estadístico de la Universidad Estatal de Oregon (EEUU) propone abiertamente reducir al mínimo los niveles reproductivos de los humanos para limitar las emisiones de CO2 a la atmósfera.
En el informe, de título Reproduction and the Carbon Legacies of Individuals, los investigadores Murtaugh y Shlax estiman que una medida de estas características sería 20 veces más efectiva que cualquier otra política encaminada a tratar de cambiar el estilo de vida de los ciudadanos. En concreto, el citado estudio, recogido por el blog desdeelexilio, propone limitar el índice de nacimientos a niveles inferiores al índice de mortandad. De este modo, con el tiempo, al existir un mayor número de fallecidos que de nuevos nacidos, el conjunto de la población humana se iría reduciendo poco a poco. Lo que no queda claro es cómo alcanzar este objetivo. ¿Esterilizando a la mitad de los hombres y mujeres?
Curiosamente, la eugenesia es la política que lleva implementando el régimen chino durante los últimos años con el fin de reducir o, al menos limitar, el aumento de la población. Beijing penaliza el nacimiento de niñas y limita por ley el número de hijos que pueden tener las parejas chinas. Los abortos ilegales e, incluso, el infanticidio o el abandono de bebés se ha extendido desde entonces por el gigante asiático. Y es que, el incumplimiento de las normas establecidas conlleva importantes penas y cuantiosas sanciones económicas.
El informe indica que "se ha prestado mucha atención al modo en que las personas hacen uso de la energía, los viajes, la alimentación y otras actividades rutinarias que afectan a la emisión de dióxido de carbono y, por tanto, al calentamiento global. Sin embargo, la elección reproductiva de una persona rara vez se incorpora en los cálculos que evalúan el impacto sobre el medio ambiente". Según el documento, cada nuevo niño que nace en EEUU genera 9.441 toneladas métricas de CO2. Por ello, la variable de la reproducción humana debe ser tenida muy en cuenta a la hora de elaborar nuevos informes y estudios sobre el calentamiento global y la influencia de la actividad del hombre en este supuesto fenómeno.
Reducir la natalidad en Occidente
Los gobiernos de todo color y condición han abrazado la tesis del alarmismo climático. Como consecuencia, poco a poco, han surgido numerosas normativas y leyes a fin de alcanzar la denominada "economía sostenible" y combatir así la temida subida de temperaturas a nivel global, pese a que éstas permanecen congeladas desde hace casi 10 años.
Así, los gobiernos exigen reciclar basura y residuos de todo tipo a ciudadanos y empresas, fomentar la producción de costosas energías renovables mediante la concesión de cuantiosas subvenciones públicas, se aboga por sustituir las bombillas, modificar los hábitos de transporte o, directamente, reducir el consumo energético de los individuos, tal y como acaba de proponer el ministro de Industria, Miguel Sebastián.
Sin embargo, parece que no es suficiente. Los últimos datos que ofrecen los estudios científicos favorables a las tesis ecologistas de Al Gore, así como las últimas tendencias políticas avanzan un endurecimiento de las normativas vigentes, tal y como analiza la web especializada CO2 science. Los políticos parecen estar dispuestos a sacarificar o limitar las legítimas libertades individuales para "salvar el planeta", según advierten los analistas Keith Sherwood y Craig Idso.
Y es que, el citado informe estadounidense gira en torno al siguiente eje: "Una persona es responsable de las emisiones de CO2 de sus descendientes". Bajo esta premisa, se abre la puerta a la legalización política de la eugenesia en otros países, más allá de China. No obstante, limitar la natalidad a un único hijo por pareja lograría reducir las emisiones de CO2 unas 20 veces más que seguir los dictados actuales de "economía sostenible" (reciclaje, bombillas, transporte limpio, etc). El potencial ahorro de emisiones contaminantes que generaría reducir la reproducción de los seres humanos son "enormes en comparación con los ahorros que pueden lograrse mediante cambios en el estilo de vida", concluye el estudio.
Las "ventajas" de eliminar población son "enormes"
Si esta idea cala, finalmente, en la clase política, tan sólo sería cuestión de tiempo la aprobación de una ley que elimine la libertad individual a tener hijos. ¿Imposible? ¿Exagerado? Pues bien, los asesores del Gobierno británico ya se lo plantean. Jonathon Porritt, uno de los principales asesores verdes del primer ministro británico, Gordon Brown, acaba de advertir que el Reino Unido debería reducir drásticamente su población para lograr una economía y sociedad "sostenible".
Porritt hizo este llamamiento a la vista de la conferencia anual que la Optimum Population Trust (OPT) celebra este semana. Una asociación ecologista que, siguiendo las falsas teorías del economista británico Thomas Malthus, aboga por reducir la población mundial. En concreto, el asesor de Brown propone reducir a la mitad la población británica, hasta un máximo de 30 millones de personas frente a los algo más de 60 millones actuales. "El crecimiento de la población y más crecimiento económico sitúan al planeta bajo una presión terrible".
"Cada persona que vive en Reino Unido tiene un impacto mucho mayor sobre el medio ambiente que la población de los países en desarrollo". Así, según Porritt, es necesario reducir de forma sustancial la población británica para salvar el planeta, informa Times. Es decir, emplea, precisamente, el argumento del citado estudio científico.
En este sentido, el profesor Chris Rapley, director del Science Museum, indica que los seres humanos vivos emiten 50.000 millones de toneladas de CO2 al año, debido a su respiración. "Tenemos que recortar las emisiones en un 80% y el crecimiento de la población lo va a hacer mucho más difícil".
Además, dado que el impacto de europeos y estadounidenses es mucho mayor, numerosos expertos ecologistas coinciden en que el beneficio para el planeta sería más intenso si se redujera la población de Europa y EEUU. De hecho, hasta el líder conservador británico, David Cameron, ha sugerido que el país apueste por una "estrategia coherente" en el crecimiento poblacional, aunque no se ha mostrado partidario a implementar medidas políticas al respecto. Al menos, por el momento.
Reducir la población británica a la mitad
¿Problemas? Muchos. Según las estimaciones oficiales, la población de Reino Unido ascenderá de los 61 millones actuales a cerca de 71 millones en 2030, de mantenerse la tendencia de los índices de natalidad y mortandad. La clave aquí es... ¿cómo lo van a conseguir? Así pues, la tan ansiada "economía sostenible" de los políticos aspira a eliminar seres humanos, al menos, futuros (nuevos hijos).
martes, 13 de enero de 2009
VAYA VAYA...
sábado, 22 de noviembre de 2008
TIEMPOS DUROS
NOSTALGIA DEL AK-47 Ayer estuve limpiando el Kalashnikov. No porque tenga intención de presentarme en algún despacho municipal, nacional, central o periférico, preguntar por los que mandan y decir hola, buenas, ratatatatá, repártanse estas bellotas. No siempre las ganas implican intención. El motivo de emplearme a fondo con el Tres en Uno y el paño de frotar es más pacífico y prosaico: lo limpio de vez en cuando, para que no se oxide. No me gustan las armas de fuego. Lo mío son los sables. Pero el Kalashnikov es diferente. Durante dos décadas lo encontré por todas partes, como cualquier reportero de mi generación: Alfonso Rojo, Márquez y gente así. Era parte del paisaje. De modo que, una vez jubilado de la guerra y el pifostio, compré uno por aquello de la nostalgia, lo llevé a Picolandia para que lo legalizaran e inutilizaran, y en mi casa está, entre libros, apoyado en un rincón. Cuando me aburro lo monto y desmonto a oscuras, como me enseñó mi compadre Boldai Tesfamicael en Eritrea, año 77. Me río a solas, con los ojos cerrados y las piezas desparramadas sobre la alfombra, jugando con escopetas a mis años. Clic, clac. La verdad es que montarlo y desmontarlo a ciegas es como ir en bici: no se olvida, y todavía me sale de puta madre. Si un día agoto la inspiración novelesca, puedo ganarme la vida adiestrando a los de la ONCE. Que tomen nota, por si acaso. Tal como viene el futuro, quizás resulte útil. El caso es que estaba limpiando el chisme. Y mientras admiraba su diseño siniestro, bellísimo de puro feo, me convencí una vez más de que el icono del siglo que hace ocho años dejamos atrás no es la cocacola, ni el Che, ni la foto del miliciano de Capa –chunga, aunque la juren auténtica–, ni la aspirina Bayer, ni el Guernica. El icono absoluto es el fusil de asalto Kalashnikov. En 1993 escribí aquí un artículo hablando de eso: de cómo esa arma barata y eficaz se convirtió en símbolo de libertad y de esperanza para los parias de la tierra; para quienes creían que sólo hay una forma de cambiar el mundo: pegándole fuego de punta a punta. En aquel tiempo, cuando estaba claro contra quién era preciso dispararlo, levantar en alto un AK-47 era alzar un desafío y una bandera. Se hicieron muchas revoluciones cuerno de chivo en mano, y tuve el privilegio de presenciar algunas. Las vi nacer, ser aplastadas o terminar en victorias que casi siempre se convirtieron en patéticos números de circo, en rapiñas infames a cargo de antiguos héroes, reales o supuestos, que pronto demostraron ser tan sinvergüenzas como el enemigo, el dictador, el canalla que los había precedido en el palacio presidencial. Víctimas de ayer, verdugos de mañana. Lo de siempre. La tentación del poder y el dinero. La puerca condición humana. De ese modo, el siglo XX se llevó consigo la esperanza, dejándonos a algunos la melancólica certeza de que para ese triste viaje no se necesitaban alforjas cargadas de carne picada, bosques de tumbas, ríos de sangre y miseria. Y así, el Kalashnikov, arma de los pobres y los oprimidos, quedó como símbolo del mundo que pudo ser y no fue. De la revolución mil veces intentada y mil veces vencida, o imposible. De la dignidad y el coraje del hombre, siempre traicionados por el hombre. Del Gran Combate y la Gran Estafa. Y ahora viene la paradoja. En este siglo XXI que empezó con torres gemelas cayéndose e infelices degollados ante cámaras caseras de vídeo, el Kalashnikov sigue presente como icono de la violencia y el crujir de un mundo que se tambalea: este Occidente viejo, egoísta y estúpido que, incapaz de leer el destino en su propia memoria, no advierte que los bárbaros llegaron hace rato, que las horas están contadas, que todas hieren, y que la última, mata. Pero esta vez, el fusil de asalto que sostuvo utopías y puso banda sonora a la historia de media centuria, la llave que pudo abrir puertas cerradas a la libertad y el progreso, ha pasado a otras manos. Lo llevaban hace quince años los carniceros serbios que llenaron los Balcanes de fosas comunes. Lo empuñan hoy los narcos, los gangsters eslavos, las tribus enloquecidas en surrealistas matanzas tribales africanas. Se retratan con él los fanáticos islámicos cuyo odio hemos alentado con nuestra estúpida arrogancia: los que pretenden reventar treinta siglos de cultura occidental echándole por encima a Sócrates, Plutarco, Shakespeare, Cervantes, Montaigne o Montesquieu el manto espeso, el velo negro de la reacción y la oscuridad. Los que irracionales, despiadados, hablan de justicia, de libertad y de futuro con la soga para atar homosexuales en una mano y la piedra para lapidar adúlteras en la otra; mientras nosotros, suicidas imbéciles, en nombre del qué dirán y el buen rollito, sonreímos ofreciéndoles el ojete. Lástima de Kalashnikov, oigan. Quién lo ha visto. Quién lo ve. El Semanal 23 de noviembre de 2008
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